¿Cómo gestiona Corea del Sur los residuos de comida?





En un rincón de la planta baja de un complejo de apartamentos en Corea del Sur, dos o tres terminales rectangulares de color gris oscuro están colocados uno junto a otro. La gente llega con pequeños recipientes de residuos de comida y acerca una tarjeta. Cuando la tapa se abre, lo vacían todo dentro, y en la pantalla aparecen el peso de lo que acaban de echar y la tarifa correspondiente.
Corea del Sur prohibió por completo el vertido de residuos de comida en vertederos en 2005, y desde 2013 el jongnyangje, un sistema de pago según la cantidad de residuos de comida generada, es obligatorio en todo el país. Los residuos de comida se recogen por separado de la basura común y se procesan para convertirlos en alimento para animales o en compost. La tasa de recuperación y reciclaje ronda el 95 %, una de las más altas del mundo.
En los edificios residenciales de poca altura y en las casas unifamiliares, los residuos de comida se depositan en bolsas específicas y se sacan a los contenedores del callejón a la hora fijada. En los complejos de apartamentos, lo habitual son los terminales RFID: se acerca la tarjeta, la tapa se abre, el peso se mide automáticamente y la tarifa se carga por hogar. Aproximadamente el 64 % de la población de Corea del Sur vive en apartamentos.
Cáscaras de verduras de la cena, el corazón de una manzana, restos de kimchi, unos pocos granos de arroz. En una pequeña pantalla situada en un rincón del complejo, el peso y las cifras recuerdan de qué mesa vinieron.